Por. Manuel Sheran

Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. (Mat 6:6)

Cuando Jesús nos enseña que debemos orar nos desafía a tres cosas: que nos apartemos, cerremos la puerta y oremos.
Si algo he aprendido acerca de la palabra de Dios en estos años es que nada está escrito al azar o por casualidad. Si Dios establece estos tres pasos es porque alguna implicación espiritual hay en hacerlo de esta manera.

Entonces estudiemos detenidamente las palabras de Jesus para lograr una conexión divina con el Padre.

1. Entra en tu aposento.
Cuando nuestro Señor Jesús nos insta a que entremos en nuestro aposento, en realidad nos está diciendo que tenemos que tomarnos el tiempo de apartarnos en secreto para buscar de él. Por supuesto hay ocasiones en las que uno tendrá que orar en grupo o en familia. Pero esta oración en particular no desestima las demás formas de oración colectiva, sino puntualiza la necesidad de la oración personal y el carácter secreto de la misma. Porque Dios está en el lugar secreto esperando por nosotros. Él nos conoce en secreto como nadie más. Y las cosas que él tenga que decirnos, nos las dirá en secreto y no en público.

2. Cierra la puerta
Esta acción es muy importante. Siempre que voy a orar me pasa que se me vienen todas las ideas a la cabeza, comienzo a pensar en cosas que debí haber hecho durante el día, cosas sin importancia y tanto buenas ideas como malas ideas rondan por mi cabeza.
Cuando Jesús dice “cierra la puerta” no solamente se refiere a que cierre la puerta física del lugar donde está orando, sino también que cierre la puerta espiritual de su mente. En este sentido la acción de acercarse a Dios en oración es un acto de autodisciplina que nos obliga a silenciar nuestros pensamientos hacia el culto racional (Romanos 12:1)

3. Ora
La palabra oración en este versículo, se deriva de la palabra griega Proseuchomai que involucra tres verbos: suplicar, alabar y orar. El común denominador de los tres es que son acciones alabanticas que conllevan una exteriorización. Jesús no dijo cuándo entres en tu aposento, cierra la puerta y piensa en Dios. La única forma de hacer manifiesto el rendimiento de nuestro cuerpo a la voluntad divina es por medio de la confesión. Por la sencilla razón de que Dios puso poder en nuestras palabras y uno se ata con los dichos de su boca (Prov. 6:2). Y cuando ya no sepa que decir y aun no escucha su voz hablándole suplique y alabe. Pero es necesario exteriorizar. Como también es necesario callar si escucha su voz.

Muchas veces nos preguntamos porque Dios no contesta cuando oramos. Estoy seguro que el 90% de las veces es porque desconocemos el protocolo del Reino para acercarnos confiadamente al trono de la gracia.

Jesús vino para acercarnos al Padre. Si seguimos sus instrucciones al pie de la letra, le garantizo que tendremos éxito encontrando a Dios en nuestro lugar secreto.

Dios le bendiga!