Por: Manuel Sheran

Snake and Forbidden Fruit

Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre Lucas 4:1-2

Este pasaje es sumamente interesante porque habla acerca de cómo el diablo se acercó a Jesús para tentarlo. Y nos muestrael carácter de Cristo y sus acciones para resistir los ataques. Santiago 4:7 nos dice que para repeler un ataque del enemigo debemos hacer dos cosas:

La primera es someternos a Dios.
Desde el primer versículo del capítulo cuatro de Lucas, el apóstol comienza narrando que Jesús estaba completamente sometido a Dios invadido por el espíritu santo y dedicado al ayuno y la meditación de la palabra.

Lo segundo es que resistamos al diablo y el huira de nosotros.
Note que no habla de entrar en un combate frontal, sino que de resistir. Porque Dios sabe que es sumamente difícil entrar en un combate frontal con el diablo. Es casi seguro que perderemos la batalla. Y la razón de ello es porque el éxito de su estrategia consiste en presentar las cosas que son malas como si fueran buenas. Por eso nos cuesta tanto identificarlas cuando vienen a nosotros. Y es que muchas veces están disfrazadas de bendiciones como en la historia del caballo de Troya.

Jesús nos muestra en este pasaje que la forma más eficaz de resistir al diablo es recitando la palabra de Dios. Que por cierto el diablo la conoce muy bien y la usa en contra nuestra.

Sin embargo es importante notar que las tentaciones del diablo son permanentes mientras habitemos en este cuerpo carnal y de la misma manera son intermitentes. Van y vienen constantemente.
Siempre se acostumbra a predicar sobre esta historia de Lucas, como que si fue la única ocasión en que el enemigo tentó a Jesús y lo hizo por tres ocasiones únicamente. Pero si leemos bien nos daremos cuenta que desde el primer versículo dice que en el desierto el diablo tentaba a Jesús, y esta conjugación especifica denota un acto reiterado. Y concluye en el versículo trece diciendo que cuando hubo acabado todos los recursos de tentación posibles, hasta entonces se apartó de él, y enfatizo que solo por un tiempo.

Creo que para ninguno de nosotros sería problema resistir al diablo si se presentara a nosotros propiciándonos la caída. El problema radica en que pensamos que el diablo se nos presentara en color rojo y con un tridente. Cuando esto es realmente ficción. El diablo se nos presentara en la forma de lo que más anhelamos.

A Jesús se le manifestó con tres tentaciones dirigidas al cuerpo, al alma y al espíritu. Y aquí puede ver usted lo sobrenatural de Cristo. Porque teniendo los mismos padecimientos de cualquier mortal doblego su cuerpo a la voluntad perfecta de Dios.

Mire cuales eran las necesidades que el diablo sabía que Jesús tenía:

1. En la carne sabía que tenía hambre, pues estaba ayunando. A Jesús también le daba hambre cuando ayunaba, igual que a nosotros. El problema en si no es el hambre, sino la reacción carnal que provoca en un momento espiritual. A Esau el hambre por un guiso de lentejas lo llevo a vender su primogenitura a Jacob (Gen. 25:34).

2. Jesús era el hijo de Dios, pudiendo usar su poder no lo hizo porque no era el tiempo, pero tenía la necesidad del reconocimiento público. Lucas 5:15 y 16 dice que su fama se extendía por toda la región cuando escuchaban hablar de los milagros que hacía, más él se retiraba a orar.

3. Y tenía la necesidad de revelar su manifestación divina aun cuando no era el tiempo. Mateo 26:39 Muestra como Cristo quería revelar su manifestación pero sin ir a la cruz para no atravesar el dolor. ¿Quién no querría lo mismo?

Aun así con todas estas cosas que pasaban por su mente, sojuzgo su carne y llevo cautiva su mente a la obediencia de Dios.

De manera que tenemos que identificar las formas en las que el diablo manipula nuestro cuerpo, nuestra alma y nuestra mente para poder resistirlo cuando se nos presente.

Eso lo aprendemos de la tentación de Jesús en el desierto.

(Luk 4:3) Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, dí a esta piedra que se convierta en pan.

La primera tentación es a la carne. Porque es la que responde más rápido cuando no estamos sometidos a la voluntad de Dios.

Él sabe cómo decimos popularmente: “de que pata cojea” usted.

(Luk 4:6) Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. (Luk 4:7) Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos.

La segunda tentación, vendrá en forma de reconocimiento ya sea material o simbólico. Estas tentaciones levantan el ego y el ego nos aparta del carácter de Cristo y el plan de Dios.
Siempre nos han enseñado que el diablo ha venido para quitarnos la riqueza, para robarnos y dejarnos en la calle. Pero la verdad es que cualquier cosa que nosotros queramos fuera de Dios, el enemigo está más que dispuesto a dárnosla. La artimaña que utiliza es darnos, darnos y darnos riqueza hasta el punto de nuestra autodestrucción.

(Luk 4:9) Y le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo;(Luk 4:10) porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden; (Luk 4:11) y, En las manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra.(D)

La tercera tentación está destinada a crear un trastoque espiritual para alterar la agenda de las manifestaciones de Dios para su vida.

La razón por la que estoy seguro que las manipulaciones del enemigo siempre vienen de esta forma, es porque así fue con el pecado original del huerto.

Comenzó con trastocar el plan de Dios que era no comer del fruto del conocimiento del bien y el mal: “¿Dios te dijo que no comieras?”.

Seguidamente presento un reconocimiento: “el día que lo comas serás igual a Dios”
Y finalmente culmino con la necesidad carnal de codiciar el fruto prohibido para satisfacer su propio apetito.
Son las mismas tentaciones de Jesús, solo que orden diferente.

Sea cual sea la tentación que el enemigo ponga frente a usted, sométase a la voluntad de Dios con oración, el estudio y la meditación de la palabra y la alabanza.

Evite siempre una confrontación directa con el enemigo, recuerde que es resistirlo para que huya de nosotros no es ir a buscarlo para atacarlo.

No se deje dominar por las cosas que sabe que usted no puede controlar, evite ponerse en una situación en la que sabe que no va salir. Piense siempre si sus acciones exaltan a Dios y dan buen testimonio a los hombres.

Que Dios le bendiga.