Por Manuel Sheran

Jesús lloró…Juan 11:35

Este es uno de los versos preferidos de toda la Biblia para muchas personas. Incluyéndome a mí. Porque no soy bueno para memorizar. Y es que este es muy fácil de recordar y memorizar. Es también, el verso más corto de todo el canon bíblico.
Y aunque en si no es un verso profundo en el sentido literal, todo lo que enmarca en el sentido alegórico va más allá de nuestro llano razonamiento.
Me sorprende en gran manera porque denota la frágil humanidad de Cristo al romper en llanto en presencia de sus amigos. A pesar de ser Dios hijo, vemos que estaba cableado como nosotros. Se alegraba por las mismas cosas que nosotros y le entristecían las mismas cosas que nosotros.
Pero, analizando un poco en contexto el versículo, vale la pena saber la razón por la que Jesús lloro. La Biblia no dice nada por casualidad. Desde el momento que Juan documenta el hecho, es porque hay una valiosa lección que aprender en toda la historia. Yo personalmente quisiera aprender que hace llorar a Jesús. Para saber más de él, adoptar su carácter y entristecerme con lo que lo entristece y alegrarme con lo que le alegra, porque al final, la meta de todo creyente es llegar a ser igual a Jesús.
El suceso es un suceso que entristecería a cualquier persona. Porque se lleva a cabo después de la muerte de un amigo.
Estando el en Betania le llegaron noticias de que su amigo, Lázaro, a quien amaba, había muerto.
El comentarista de la Biblia Diario Vivir manifiesta que Jesús amaba a esta familia y a menudo les visitaba. Conocía su dolor, pero no respondió enseguida.
Todos esperaban que Jesús dejara todo lo que estaba haciendo y saliera corriendo a salvar a Lázaro. Más no fue así. Porque él sabía que todos los acontecimientos estaban finamente marcados en la agenda divina con un propósito superior. Quizás hasta enseñar a Lázaro una lección. Su demora tenía un propósito específico. El tiempo de Dios, en especial sus demoras, tal vez nos haga pensar que no responde o no lo hace como quisiéramos. Pero El suplirá nuestras necesidades de acuerdo con su programa y propósito perfectos (Phi_4:19). Debemos aguardar con paciencia el tiempo perfecto de Dios.
Cuando finalmente Dios decide ir a Jerusalén a tomar cartas en el asunto, Marta, la hermana de Lázaro, le sale al encuentro. Y le reprocha que si hubiera estado ahí esto no hubiera pasado. Como muchos de nosotros en esa misma posición. Mire como somos de parecidos a Marta:
1. Nos acordamos como última instancia recurrir a Dios, después de que no le hemos hablado en tanto tiempo.
2. Cuando por fin decidimos hacerlo es para reprocharle el porqué de las cosas.
3. Somos malos amigos de Dios porque esperamos todo del pero no estamos dispuestos a dar nada de nosotros.
Creo que en definitivamente esto fue lo que entristeció a Jesús al punto de llorar. No le entristeció la muerte de su amigo, porque sabía que lo vería en menos de lo que se tardaran en abrir su tumba. Pero saber que había intimado tanto con Marta y María y todavía no estaban convencidas del poder de El como hijo de Dios, eso lo entristeció.
Cualquier prueba que deba enfrentar un creyente puede en última instancia glorificar a Dios porque Él puede sacar cosas buenas de cualquier situación mala (Gen_50:20; Rom_8:28). Cuando vienen las dificultades, ¿murmura, protesta y culpa a Dios, o ve en sus problemas la oportunidad de honrarlo?
Entonces como amigos de Dios, ¿que lo entristece? Que murmuremos y protestemos en contra de EL y le echemos la culpa de las cosas malas que suceden. Por el contrario ¿qué cosas alegran su corazón? Que le honremos a pesar de las vicisitudes.
Al final Jesús, como era de esperarse, resucita a Lázaro, para mostrarnos una lección aún más grande: Cuando tenemos necesidad de ayuda extraordinaria, Jesús ofrece recursos extraordinarios. No debiéramos vacilar en pedirle ayuda porque ciertamente el estará siempre presto a auxiliarnos.