Por: Manuel Sheran

suffering

Las aflicciones revelan nuestro caracter.

La aflicción es algo terrible. Los que hemos padecido de ella podemos atestiguar que pueden llegar a tener terribles efectos en nuestro cuerpo. Como por ejemplo. La semana pasada yo salí de viaje solo con mi esposa por primera vez desde que mi hijo menor nació. Como tenemos tres hijos tuvimos que dejar unos con una abuela y el más pequeño se quedó con la otra abuela para distribuir la carga un poco. Pero al encontrarse solo por tanto tiempo sin ver a sus padres y a sus hermanos, el niño se llenó de aflicción. Y aunque los médicos no están de acuerdo conmigo, esto le ocasiono serias afecciones estomacales. Como inflamación intestinal y otras cosas. Fue tal el malestar que le causo su aflicción que termino internado en el Hospital.
¿Alguna vez se ha sentido tan afligido que su aflicción le provoco un malestar en su cuerpo? Seguramente que sí. Y pues por muy difícil que parezca la situación siempre hay una lección que aprender detrás de todo mal.
Dios muchas veces utiliza la angustia para ponernos en la perspectiva de su plan.
Como cuando Pablo fue injustamente encarcelado para conocer a Onésimo siervo de Filemón en el relato del libro de Filemon. Su breve relación sirvió para reconciliar una situación difícil entre Amo y siervo.
Pablo fue uno de los apóstoles cuyo carácter fue probado en las aflicciones. Y sus padecimientos sirvieron para poner en perspectiva el plan de Dios.
Filip 1:12-18 Y quiero que sepáis, hermanos, que las circunstancias en que me he visto, han redundado en el mayor progreso del evangelio, (13) de tal manera que mis prisiones por la causa de Cristo se han hecho notorias en toda la guardia pretoriana y a todos los demás; (14) y que la mayoría de los hermanos, confiando en el Señor por causa de mis prisiones, tienen mucho más valor para hablar la palabra de Dios sin temor. (15) Algunos, a la verdad, predican a Cristo aun por envidia y rivalidad, pero también otros lo hacen de buena voluntad; (16) éstos lo hacen por amor, sabiendo que he sido designado para la defensa del evangelio; (17) aquéllos proclaman a Cristo por ambición personal, no con sinceridad, pensando causarme angustia en mis prisiones. (18) ¿Entonces qué? Que de todas maneras, ya sea fingidamente o en verdad, Cristo es proclamado; y en esto me regocijo, sí, y me regocijaré.
¿Qué podemos aprender de las aflicciones que hemos tenido?
¿Porque Dios permite que padezcamos aflicciones?
¿Es la voluntad Dios que yo padezca?
Muchos predicadores hoy en día predican que la aflicción y el sufrimiento no son de Dios. Sin embargo 1 Filipense 1:12-18 nos muestra lo contrario. ¿Porque Dios quería que sufriésemos? Porque fuimos creados para reflejar la Gloria de Dios y disfrutarlo por la eternidad. Y una de las verdades innegables de las crisis es que somos mejores personas en el sufrimiento.
Y cuando Dios nos pasa por aflicciones es para demostrarnos su soberanía que a pesar de la tormenta el sigue siendo Dios y sigue teniendo el control.
La aflicción nos quita los excesos, la frondosidad y las fachadas. Nos convierte en auténticos y genuinos para poder ser un fiel reflejo de La Gloria de Dios.