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Pr. Manuel Sheran

 

family2Act 1:8  pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

Hay un llamado familiar en la gran comisión. Dios nos llama a ser testigos de El primeramente con las personas más cercanas a nosotros.

Y pues obviamente las personas más cercanas a nosotros no creyentes son nuestros hijos.

La mayoría de cristianos están claros en este asunto. El problema es que no saben cómo discipular a sus hijos. Los padres no somos profesionales en discipulado y eso es algo bueno.

¿Porque Dios insiste en que sean los padres los que deben de tomar la iniciativa en el Discipulado familiar?

La respuesta es porque la relación importa más que el talento. Consideremos la siguiente historia:

Joh 1: (40)  Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús.  (41)  Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo).  (42)  Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro).

Vemos que este principio es real en la vida de Andrés en el caso de llevar a su hermano a los pies del Mesías. Andrés no tuvo ningún tipo de talento especial, ni preparación. Solamente conoció de primera mano a Jesus y luego lo compartió con su hermano, quien al oír llego donde este estaba.

De manera abreviada, este es el proceso de Discipulado. Contar a otros que hemos encontrado al Mesías, como esto ha impactado nuestras vidas y llevarlos hasta El.

No es volver a la gente enfermizamente dependientes en nosotros.

La gente no necesita un discipulador, la gente necesita un salvador.

El proceso de discipulado es un proceso de crecimiento para las personas involucradas. No se trata de un avasallamiento de maestro y discípulo, se trata de una “RELACION” en la que ambos crecen acercándose más al Mesías.

La gran comisión es hacer discípulos de Dios, no de nosotros.

 

¿Por Dónde Comenzamos?

Les comparto por lo menos tres consejos prácticos de como llevar a cabo el discipulado familiar.

  1. Contar la historia.

Rom 10:14  ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?

Para que la gente responda al llamamiento eficaz, el evangelio tiene que ser predicado. No hay ninguna otra forma.

Necesitamos tomarnos el tiempo para hablar, para decir, para compartir.

Deu 6:7  y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.

 

Hablar en Hebreo es la palabra “Dabar” que significa: aconsejar, decir, declarar, disertar, exponer, divulgar, proferir, expresar, pronunciar, recitar, etc.

Y todo eso tiene que ser nuestra instrucción para con nuestros hijos tenemos que hablar, aconsejar, exponer, pronunciar, expresar la palabra. Tenemos que sentarnos con nuestros hijos y contarles la historia de Dios para sus vidas de acuerdo a la palabra de Dios.

  1. Ser constantes en el proceso.

1Co 15:58  Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.

 

jedraios y metakinetos: Firmes y constantes. La obra de Dios requiere constancia.

 

La constancia importa más el contenido. No van a recordar un devocional especifico, pero es la práctica lo que impacta sus vidas.

 

En general aprendemos por el ejemplo. 1Co 11:1  “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.”

 

Si usted le dice a un niño que se ponga el cinturón, pero usted no se lo pone, no le va hacer caso. Y esa enseñanza no va a ser consistente si no lo miran hacerlo de manera reiterada y constante. Ocurre igual en las cosas espirituales.

 

 

  1. Ejercitarse en las Disciplinas Espirituales

 

1Ti 4:7  Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad;

 

No es solamente de hacer las cosas sino llevar a nuestros hijos a ver como son parte de historia de redención y que su vida puede presentar la gloria de Dios para que la gente de toda tribu lengua y nación pueda responder al llamado de Fe para su vida.

 

En este sentido las disciplinas espirituales son nuestra mejor arma para ayudarnos a discipular a nuestros hijos.

 

Nuevamente tomamos la Shema Israel (uno de los rezos mas sagrados de la ley judía) :

 

Deu 6:7  y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.

 

Hay por lo menos 4 ejemplo de disciplinas espirituales en este fragmento de la escritura.

 

  • Estando en tu casa

 

Podemos aprovechar para tener un tiempo intencional de alabanza y enseñanza de la palabra de Dios.

 

 

  • Andando por el camino

 

Momentos no planificados cuando un evento es conectado a la historia de Dios o a la gloria de Dios. Por ejemplo, como una película que vimos en el cine se relaciona a la historia de Dios.

 

  • Al acostarte

 

Procuremos orar con nuestros hijos y orar por nuestros hijos cuando se acuestan. No hay mejor forma en la que ellos comprenden el concepto de refugio en el Señor que por medio del consuelo en la oración.

 

  • Cuando te levantes.

 

Nuestras acciones y nuestro hablar debe reflejar la gloria de Cristo en nuestra vida.

 

Mat 12:34  ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.

 

La palabra de Dios debe ser lo primero que este en nuestra boca cuando nos levantemos. Y nuestros hijos deben oírlo de nosotros.

 

Conozco muchas familias cristianas cuyos hijos han crecido toda la vida en una iglesia. Pero al crecer se apartan repentinamente del camino de Dios. ¿Y los padres se preguntan cómo puede ser esto? Si siempre estuvo en la iglesia, siempre asistió a la escuela dominical.

 

La respuesta es simple, nadie se ocupó del verdadero proceso de discipulado de esos niños.

 

Retomemos nuestra labor, acerquemos a nuestra familia a la historia de Dios a través de la predicación del Evangelio en nuestros hogares.

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SECRETOS DEL LUGAR SECRETO

Por. Manuel Sheran

Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. (Mat 6:6)

Cuando Jesús nos enseña que debemos orar nos desafía a tres cosas: que nos apartemos, cerremos la puerta y oremos.
Si algo he aprendido acerca de la palabra de Dios en estos años es que nada está escrito al azar o por casualidad. Si Dios establece estos tres pasos es porque alguna implicación espiritual hay en hacerlo de esta manera.

Entonces estudiemos detenidamente las palabras de Jesus para lograr una conexión divina con el Padre.

1. Entra en tu aposento.
Cuando nuestro Señor Jesús nos insta a que entremos en nuestro aposento, en realidad nos está diciendo que tenemos que tomarnos el tiempo de apartarnos en secreto para buscar de él. Por supuesto hay ocasiones en las que uno tendrá que orar en grupo o en familia. Pero esta oración en particular no desestima las demás formas de oración colectiva, sino puntualiza la necesidad de la oración personal y el carácter secreto de la misma. Porque Dios está en el lugar secreto esperando por nosotros. Él nos conoce en secreto como nadie más. Y las cosas que él tenga que decirnos, nos las dirá en secreto y no en público.

2. Cierra la puerta
Esta acción es muy importante. Siempre que voy a orar me pasa que se me vienen todas las ideas a la cabeza, comienzo a pensar en cosas que debí haber hecho durante el día, cosas sin importancia y tanto buenas ideas como malas ideas rondan por mi cabeza.
Cuando Jesús dice “cierra la puerta” no solamente se refiere a que cierre la puerta física del lugar donde está orando, sino también que cierre la puerta espiritual de su mente. En este sentido la acción de acercarse a Dios en oración es un acto de autodisciplina que nos obliga a silenciar nuestros pensamientos hacia el culto racional (Romanos 12:1)

3. Ora
La palabra oración en este versículo, se deriva de la palabra griega Proseuchomai que involucra tres verbos: suplicar, alabar y orar. El común denominador de los tres es que son acciones alabanticas que conllevan una exteriorización. Jesús no dijo cuándo entres en tu aposento, cierra la puerta y piensa en Dios. La única forma de hacer manifiesto el rendimiento de nuestro cuerpo a la voluntad divina es por medio de la confesión. Por la sencilla razón de que Dios puso poder en nuestras palabras y uno se ata con los dichos de su boca (Prov. 6:2). Y cuando ya no sepa que decir y aun no escucha su voz hablándole suplique y alabe. Pero es necesario exteriorizar. Como también es necesario callar si escucha su voz.

Muchas veces nos preguntamos porque Dios no contesta cuando oramos. Estoy seguro que el 90% de las veces es porque desconocemos el protocolo del Reino para acercarnos confiadamente al trono de la gracia.

Jesús vino para acercarnos al Padre. Si seguimos sus instrucciones al pie de la letra, le garantizo que tendremos éxito encontrando a Dios en nuestro lugar secreto.

Dios le bendiga!