Pr. Manuel Sheran

 

Imagen1En mi corto paso por el ministerio, he visto personas servir a Dios de manera genuina con la disposición sacrificial con la que Jesus nos manda a servir en el ministerio: – “Mat 16:24 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”. Por lo general estos hermanos nos ayudan a modelar a otros la vida centrada en el Evangelio y no en nuestra propia conveniencia.

 

Así como también he conocido personas que tienen mil y un excusas para no comprometerse mas en su caminar cristiano. Desde que no hay aire acondicionado, las sillas son muy incomodas, las alabanzas no me gustan, hasta mis hijos no les gusta la iglesia y a uno le gusta una iglesia especifica al otro lado de la ciudad y a otro le gusta otra en el lado opuesto así que vamos un Domingo a una y otro Domingo a otra para complacerlos. ¡Que locura!

 

Cualquiera pudiera argumentar que eso de poner excusas es nuevo en nuestra sociedad y se debe a la cantidad de distracciones a nuestro alcance. Pero la Biblia nos recuerdo que no hay nada nuevo debajo del sol, y que todo lo que es ya fue (Eclesiastés 1:9). De tal forma que cuando comparamos nuestros tiempos con los tiempos de Jesus nos damos cuenta de que las excusas para no seguir a Dios son tan viejas como el primer ser humano que piso la tierra (Gen 3:12).

 

A pesar de que en nuestros tiempos se ha ampliado la gama de excusas que las personas pueden utilizar, el ministerio de Jesus nos deja ver claramente que todas estas, sin importar su complejidad, caen en tres grandes categorías.

 

  1. Las Riquezas

 

Mat 19:21-23  Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.  (22)  Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.  (23)  Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.

 

En el relato anterior Jesús revela que el joven rico tenia las riquezas arraigadas en su corazón. Cuando Jesús le pide que las venda, el se va triste porque no puede despegarse de ellas y eso lo priva de seguir a Jesús de manera íntegra.

 

El punto de la historia no es que las riquezas sean malas. El punto es cuando son parte indivisible de nuestro corazón. ¿Que pasara el día que no las tengamos, Dejaremos de vivir?  Por supuesto que no, por lo tanto, no pueden estar en nuestro corazón. Job nos recuerda en cuanto al apego a las riquezas: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. (Job 1:21)

 

Creo que ninguno de nosotros discrepamos en que el amor a las riquezas es un mal terrible especialmente para los creyentes. Pero donde erramos frecuentemente es al pensar que riquezas y posesiones solo se refiere a cosas de gran valor como casas, carros, terrenos, etc. Cuando en realidad puede referirse a la cosa mas insignificante desde un PlayStation hasta nuestros trabajos o nuestra universidad (cualquier cosa que tenga valor para nosotros). Siempre que estos nos priven de servir íntegramente al Señor, serán ídolos en el corazón.

 

  1. La Familia

 

Luc 9:61-62  Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa.  (62)  Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.

 

La familia es la excusa perfecta para no servir al Señor como el se merece y como el lo demanda. Porque al final del día ¿Qué clase de monstruo exigiría que sacrifiquemos la santidad del seno familiar para estar en la iglesia? Para contestar esta pregunta tenemos que entender que el centro del universo es Dios. No nuestra familia. Fuimos creados para adorar a Dios y disfrutar de el por toda la eternidad. Por lo tanto, nuestras vidas y las de nuestras familias deberían gravitar alrededor de Dios y no al revés. Por supuesto hay ocasiones en las que tendrás que faltar a la iglesia para testificar de la vida del Evangelio a tu familia, y eso requiere que pases tiempo de calidad con ellos. Pero no olvides que el propósito fundamental de tu vida es glorificar a Dios, por lo tanto, tu labor como miembro de esa familia es conducirlos también hacia la adoración verdadera a Dios.

 

Al igual que las riquezas, el problema no es la familia, el problema es cuando tu familia se interpone antes que Dios como vimos en el relato de Lucas. Jesus tuvo sus prioridades claras y mientras estaba enseñando en la sinagoga y lo llegaron a buscar sus familiares. Él contesta enfáticamente: Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre. (Mat 12:50)

 

  1. La Doctrina

 

Jua 6:60  Por eso muchos de sus discípulos, cuando oyeron esto, dijeron: Dura es esta declaración; ¿quién puede escucharla? Jua 6:66  Como resultado de esto muchos de sus discípulos se apartaron y ya no andaban con El.

 

En el capitulo 6 del libro de Juan, el apóstol narra como Jesús viene subiendo la intensidad de su enseñanza y esto produce que algunos discípulos se escandalicen y se aparten de Él.

 

El problema de los discípulos no es que estén en desacuerdo con las enseñanzas de Jesus. El problema es que estas enseñanzas demandan un sacrificio superior. Hay un precio que pagar por continuar en el discipulado. Y lamentablemente no todos están dispuestos a pagarlo.

 

Hablando del contexto de este pasaje, Jesus estaba ensenando acerca de participar de su cuerpo y su sangre. Esto requiere que experimentemos en nuestras propias vidas los padecimientos de Cristo. Es decir: insultos, vituperios, golpes, persecución, hambre, angustia, etc. Por causa de El. Y ahí es donde no todos concuerdan en la bondad del ministerio.

 

La realidad de las cosas es que en una sociedad en la que predomina el culto a la personalidad nadie quiere verse como siervo sufriente, a la manera de nuestro mesías. Porque no hay gloria en eso.  Sin embargo, no debemos perder de vista que nuestra gloria y nuestro galardón esta en el mundo por venir, no en este. Por lo tanto, poner nuestra esperanza en la recompensa eterna, debería normar la forma en cómo vivimos aquí en la tierra. Esto es, haciendo diligentemente la obra que Dios nos encomendó, para que cuando regrese pueda decirnos: “Bien siervo fiel” (Mateo 25:23)

 

Seguramente hay más obstáculos a manera de excusa que impiden que las personas se comprometan en una vida mas entregada a la causa de Cristo. Pero en mi experiencia, estas tres son el día a día.

 

Mi anhelo al escribir este artículo es que si tu llegas a identificarte con alguna o todas estas razones, que puedas reconocer que las personas en el relato bíblico que recurrieron a ellas dejaron escapar una bendición especial de Dios para sus vidas, sus ministerios y sus familias. Es mi oración que para este año que recién empieza, puedas despojarte de estas excusas y comprometerte más con el Señor sirviendo en tu iglesia local edificando a los santos fieles de la iglesia y alcanzando a los perdidos creando oportunidades para la predicación del evangelio.

 

 

 

 

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